Es
un maltrato nada nuevo, siempre se utilizó este discurso –vacío de contenido-
para descalificar al que milita y no es casual, obedece al viejo –aunque
reinante en algunos sectores- discurso de los militares donde se ponía el
acento en desprestigiar todo aquello que tenía relación –directa o indirecta-
con la política, por ende con la democracia. Este discurso surgió y provino
siempre de estos sectores –militares- cara visible de los poderosos –oligarquía
vernácula- que jamás estaba dispuesta a perder sus privilegios en desmedro del
resto de una sociedad subordinada. También de aquellos insignificantes
politiqueros de poca monta que utilizaban su poder para movilizar gente, en función de sus intereses personales y de partido. La historia nos dice que
eran dirigentes de poca monta, pero con grandes aspiraciones; básicamente de
poder, ya que el poder siempre brindó impunidad y esto era más importante que
el dinero mismo.
Ha calado tan profundo en nuestra sociedad
este concepto que ante cada movimiento social que no nos simpatice utilizamos
la terminología “van por el chori y la coca”, es decir, van porque son pagos,
trasladados y alimentados. Una excelente forma de maltratar al otro
gratuitamente, desconociendo a prima facies cual es el origen de tamaño insulto
a quienes militan política o partidariamente.
El
que no tiene un muerto, tiene un herido… en el placar. Esta también es una característica
de nuestro ser social, todos se creen impolutos y con esta soberbia y arrogancia,
depositan en los otros lo que no son y posiblemente nunca sean, personas con
valores… especialmente democráticos. Y es desde este lugar que subestiman a
todo militante porque ellos mismos jamás harían algo así sino hay en el medio un “estimulo”, claro que no hablamos de un chori
y una coca… ellos aspiran a mucho más.
Están
lejos de entender –porque no les interesa- que en estos tiempos las movilizaciones
de los militantes son bancadas por la misma militancia que ha adquirido una
forma de auto solventar gastos propios, no dependiendo de nadie que a
posteriori deban obedecer como los miserables mandamases que otrora entendían
que esta era la forma de hacer política. Ojo al piojo, no es que no existan
como tales, sino que la gente sabe de su dignidad y su compromiso desde la
militancia, es desde este lugar que construyen. Diferencia ostensible de los
criticadores que jamás mueven su culo en función de hacer algo por los otros.
En
nada se diferencian de lo que alegremente denuncian, ellos son lo que piensan… lo
saben pero jamás se permitirían hacerse cargo pues no tolerarían tanta
miserabilidad propia…
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