Todas son absolutamente
interesantes, aún las más pequeñas, ya que siempre hay elementos nuevos para
poder pensarnos como ciudadanos y como sociedad… al menos y cuando no, ser
meros espectadores.
Si hay algo bien claro es que todos
tenemos “algo” que nunca se contó o “algo” que se ha contado a medias o bien,
se ha silenciado por siempre hasta que por la razón que fuera deja de ser
desconocido para convertirse en noticia del pasado que afecte o no nuestro
tiempo presente. Lo cual ya nos convierte en lo que no éramos hasta el momento
porque esto “nuevo” hablará de nosotros para mejor o pondrá en evidencia
aspectos ocultos, distantes de lo que
aparentamos ser.
Esto no sería un problema en si
mismo, si nos manejamos como somos, sin cuestiones extrañas que necesitemos
andar escondiendo de los otros y los otros de nosotros. Ahora bien, en estos
tiempos se genera una permanente confrontación que tiene que ver con la famosa
grieta que algunos se han ocupado de acrecentarla, otros dicen “sorprendidos”
que nunca ha existido, y algunos pensamos que desde tiempos remotos fue una
realidad que nos llevó a todos vivir momentos de los más disimiles, desde lo
personal, familiar y como ciudadanos.
El solo hecho que socialmente haya
explotadores y explotados, genera una inmensa grieta que deja muy claramente
ubicados a unos y a otros en lugares absolutamente opuestos. Suficiente con
esto para aceptar que desde siempre hubo una grieta, que ha tomado distintas
formas en las distintas épocas de nuestra historia argentina. Esto es un hecho
de la realidad histórica. Que se ha visto silenciado en algunos momentos, y en otros
como los actuales, queda en evidencia que las diferencias afectan a intereses
como nunca antes y que además son de dominio público. Y que se llevan de un
modo muy distinto a los ciudadanos, generando de este modo una tensa relación
entre los mismos; los que apoyan un gobierno, un modelo y están los opositores.
Opositores claramente identificados, encabezados por la prensa hegemónica, que
otrora al no mostrarse como opositores fueron parte del gobierno militar y del
gobierno de Menem que mucha agua llevó para los molinos de las privatizaciones.
Hoy patalean, porque justamente sus
intereses más preciados están en juego en un modelo que se les presenta como
antagónico a sus mezquinos intereses.
Y será así hasta que la economía esté
plenamente subordinada a la política. Serán los pueblos que a través de sus representantes,
ejercerán el poder y pondrán a su servicio los elementos que provee la economía
para garantizar una vida acorde a sus plenas necesidades.