Es absolutamente maravilloso escribir desde el humor cosas tan serias.
En estos últimos tiempos se generan en los medios debates de todo tipo, más aún en año electoral. Nadie escatima nada, llegar al insulto es moneda corriente, cuando no se busca desacreditar al otro, es como si el otro no existiera; se niega su existencia.
Ahhhh... no sucede esto en lo estrictamente periodístico, en todos los ámbitos se "ningunea" la existencia del otro. Se hace una tarea difícil la libre expresión y no porque no exista, sino porque la intolerancia reina en todos lados. Lo curioso es encontrar en las redes sociales, algún debate donde primen las ideas e interacción con el otro donde el objetivo sea mejorar la discusión, creciendo de este modo en nuevos y mejores conceptos.
Nada es casual, dice mi tía Maruja. Sobrados elementos hay en nuestra cultura para poder entender acabadamente este tipo de actitudes. Es extraño no encontrar en nuestra querida -aunque compleja- historia argentina momentos que se hayan sostenido, donde el buen trato y la cordialidad sean la constante. Claro que todo no es tan así, pero en lineas generales hemos vivido de rencillas en rencillas. Siempre nos ha resultado difícil la convivencia. Siempre se han superpuesto intereses encontrados que nos han dividido como sociedad, lo cual es grave, pero es aún más grave, no poder reconciliarnos desde el lugar más genuino. Y para que esto suceda, debemos hablarnos... nunca gritarnos como lo hemos hecho durante décadas.
Si el problema somos nosotros, también somos la solución...
