martes, 7 de abril de 2015

¿Si somos el problema, somos la solución...?

   Es absolutamente maravilloso escribir desde el humor cosas tan serias.
    En estos últimos tiempos se generan en los medios debates de todo tipo, más aún en año electoral. Nadie escatima nada, llegar al insulto es moneda corriente, cuando no se busca desacreditar al otro, es como si el otro no existiera; se niega su existencia. 
   Ahhhh... no sucede esto en lo estrictamente periodístico, en todos los ámbitos se "ningunea" la existencia del otro. Se hace una tarea difícil la libre expresión y no porque no exista, sino porque la intolerancia reina en todos lados. Lo curioso es encontrar en las redes sociales, algún debate donde primen las ideas e interacción con el otro donde el objetivo sea mejorar la discusión, creciendo de este modo en nuevos y mejores conceptos.
   Nada es casual, dice mi tía Maruja. Sobrados elementos hay en nuestra cultura para poder entender acabadamente este tipo de actitudes. Es extraño no encontrar en nuestra querida -aunque compleja- historia argentina momentos que se hayan sostenido, donde el buen trato y la cordialidad sean la constante. Claro que todo no es tan así, pero en lineas generales hemos vivido de rencillas en rencillas. Siempre nos ha resultado difícil la convivencia. Siempre se han superpuesto intereses encontrados que nos han dividido como sociedad, lo cual es grave, pero es aún más grave, no poder reconciliarnos desde el lugar más genuino. Y para que esto suceda, debemos hablarnos... nunca gritarnos como lo hemos hecho durante décadas.
   Si el problema somos nosotros, también somos la solución...
       

jueves, 5 de marzo de 2015

Justicia injusta.

 Resultado de imagen para justiciaLos hechos son actos concretos, las interpretaciones son la mirada subjetiva que cada uno hará en función de sus creencias, ideología y básicamente la intencionalidad. Nada es más injusto que lo justo brille por su ausencia. Un hecho ilícito requiere una investigación, una denuncia, un juicio y posterior condena, siempre y cuando existan todos los elementos probatorios. Si existe la falta de mérito, no hay acusado que sigan siendo tal. Y desde ya… todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.
   No hay hecho más injusto que no se haga justicia. O porque es lenta. O porque hay intereses. O porque los jueces, son los que investigan, juzgan y condenan. O porque es una corporación que no quiere perder privilegios. O porque el dinero es el que siempre manda. Sea por el motivo que fuere la injusticia genera más injusticia, y genera un efecto dominó en la sociedad, donde mucho está permitido dado que no hay coto porque la justicia está ausente.
   Hemos escuchado sobre “chanchullos” de la justicia. Las sospechas hacia la justicia ha encabezado todo el ranking. Desde tiempos memorables, la justicia es mirada con resquemor. Arroja más dudas que certezas. Y es cierto que incide en el medio social, poniendo en jaque la credibilidad de todas las instituciones. Y esto no es poca cosa.
    No todo es igual, desde ya… No obstante, basta que unos pocos actúen de una forma incorrecta para que la relevancia ocupe un lugar de privilegio, más aún cuando se tratan temas que hacen a la vida de la República.  Son innumerables los hechos donde la justicia no estuvo presente en forma satisfactoria. En estos últimos tiempos surgen el atentado a la AMIA, la Embajada de Israel, la voladura de Río Tercero y el caso más resonante; la muerte del Fiscal Nisman.
   Opiniones… las que queramos, desde todos los ángulos ideológicos, teniendo en cuenta que este año es netamente electoral todo suma o resta para posicionarse políticamente. Está muy claro que en Latinoamérica cada vez que administra un gobierno de izquierda, no dejan de tildarlo populista, autoritario, etc… Teniendo en cuenta esto, sumado a que el fiscal Nisman habría denunciado a la presidenta, las pocas ideas de la oposición y las tremendas ganas de algunos en pasar facturas que vienen postergadas desde hace años, generó un clima absolutamente enrarecido. Los intereses que esta administración “tocó” no están para nada de acuerdo con la llegada natural de la presidente a fin de año y no han escatimado nada para lograrlo. Sin embargo, los argumentos de los medios hegemónicos, la oposición que hace poco para ser una alternativa de poder real; tratan en forma cotidiana de embarrar la cancha con cualquier elemento a fin… desestabilizar al actual gobierno. Y aún no lo han logrado.
   Esto no sucede porque si, sucede porque la justicia ha dejado de hacer lo que debe; ser efectiva, rápida, independiente... ser justa.

   

miércoles, 4 de marzo de 2015

Sociedad impoluta, arrogante y soberbia...

   Es definitivo. Quién no tiene un muerto, tiene un herido en el placar. Es aplicable a la condición humana per se. Esta falibilidad es tan antigua como la existencia misma. Seguramente -como en todos los órdenes-  habrá excepciones. En principio rige la presunción de inocencia, es decir todos somos inocentes hasta que el debido proceso dictamine lo contrario. Esto no es casual es causal. Sino rigiera este principio se podría decir lo que se quiere, de quién se quiere, y absolutamente en forma gratuita y desde ya -como menos- perniciosa.
   Es una constante en estos tiempos y en otros no menos distintos, dado que nos manejamos de este modo. Modo que se potencia cuando están en juego intereses importantes, sean de la índole que sean; básicamente cuando lo que está en juego es el poder, en todas sus formas. Un poder que para ser alcanzado, pareciera que nadie debe ahorrarse insultos, descalificaciones, ninguneos, etc. Y cuando mayor es el poder que se desea ostentar, mayores son los recursos que se utilizan para desprestigiar al contendiente.
   Un tiempo ideal para que esto suceda es el actual, un año electoral, ideal para ver quién la tiene más grande. Unos se enfrentan con otros, uno porque es el que gana y el otro es porque pierde. Y perder no es que les signifique la pena enorme de no poder administrar una nación para lograr que sus componentes vivan una vida absolutamente digna. Sino que la derrota es sinónimo de no tener nada. Primero se ven afectados sus intereses (económicos, políticos, etc) y luego los más importantes, el ego y la impunidad que otorga ese poder tan deseado. 
   Es para destacar que cada ciudadano tiene su creencia más digna hacia uno u otro dirigente, lo cual no garantiza que este dirigente sea lo que se cree de él; sino que en varias oportunidades éste sea totalmente lo opuesto a aquello que en su momento postuló como sus más férreos principios. Esta forma de actuar no es nueva, tiene sus décadas. Ni hablar de los gobiernos de factos que se dicen católicos apostólicos romanos (lo escribo con minúsculas porque los siento así, minúsculos y peligrosos). En consecuencia, preservémosnos como sociedad sin creernos tan arrogantes y soberbios, dado que quiénes nos dirigen y administran surgen desde el seno natural de nuestra sociedad o alguien pensó que vienen de otra galaxia...

martes, 3 de marzo de 2015

No van ni por el chori...

            Resultado de imagen para choripan argentino
Es un maltrato nada nuevo, siempre se utilizó este discurso –vacío de contenido- para descalificar al que milita y no es casual, obedece al viejo –aunque reinante en algunos sectores- discurso de los militares donde se ponía el acento en desprestigiar todo aquello que tenía relación –directa o indirecta- con la política, por ende con la democracia. Este discurso surgió y provino siempre de estos sectores –militares- cara visible de los poderosos –oligarquía vernácula- que jamás estaba dispuesta a perder sus privilegios en desmedro del resto de una sociedad subordinada. También de aquellos insignificantes politiqueros de poca monta que utilizaban su poder para movilizar gente, en función de sus intereses personales y de partido. La historia nos dice que eran dirigentes de poca monta, pero con grandes aspiraciones; básicamente de poder, ya que el poder siempre brindó impunidad y esto era más importante que el dinero mismo.

                Ha calado tan profundo en nuestra sociedad este concepto que ante cada movimiento social que no nos simpatice utilizamos la terminología “van por el chori y la coca”, es decir, van porque son pagos, trasladados y alimentados. Una excelente forma de maltratar al otro gratuitamente, desconociendo a prima facies cual es el origen de tamaño insulto a quienes militan política o partidariamente.

                El que no tiene un muerto, tiene un herido… en el placar. Esta también es una característica de nuestro ser social, todos se creen impolutos y con esta soberbia y arrogancia, depositan en los otros lo que no son y posiblemente nunca sean, personas con valores… especialmente democráticos. Y es desde este lugar que subestiman a todo militante porque ellos mismos jamás harían algo así sino hay  en el medio un  “estimulo”, claro que no hablamos de un chori y una coca… ellos aspiran a mucho más.

                Están lejos de entender –porque no les interesa- que en estos tiempos las movilizaciones de los militantes son bancadas por la misma militancia que ha adquirido una forma de auto solventar gastos propios, no dependiendo de nadie que a posteriori deban obedecer como los miserables mandamases que otrora entendían que esta era la forma de hacer política. Ojo al piojo, no es que no existan como tales, sino que la gente sabe de su dignidad y su compromiso desde la militancia, es desde este lugar que construyen. Diferencia ostensible de los criticadores que jamás mueven su culo en función de hacer algo por los otros.

                En nada se diferencian de lo que alegremente denuncian, ellos son lo que piensan… lo saben pero jamás se permitirían hacerse cargo pues no tolerarían tanta miserabilidad propia…